¿POR QUÉ?

La Conferencia Episcopal Española, entre los años 2016 y 2020, viene desarrollando un Plan Pastoral bajo el título “Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo”, inspirado en la llamada a la conversión misionera que el Papa Francisco ha propuesto a la Iglesia (EG 30). El Plan de Pastoral prevé, a la finalización del mismo, la celebración de un Congreso, al que se convocará a todo el Pueblo de Dios –obispos, presbíteros, consagrados y laicos–. En la Asamblea Plenaria de abril de 2018, los obispos decidieron que el mencionado Congreso se centrase en el tema del laicado y encargaron la organización a la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar de la CEE.

¿PARA QUÉ?

Por ello, el objetivo general del Congreso es impulsar la conversión pastoral y misionera del laicado en el Pueblo de Dios, como signo e instrumento del anuncio del Evangelio de la esperanza y de la alegría, para acompañar a los hombres y mujeres, en su camino hacia una vida más plena. El Congreso, así como su preparación previa y su desarrollo posterior en las diócesis, ha de servirnos para:

1. Tomar conciencia de la vocación bautismal del laicado para la misión.

2. Promover “la caridad política”.

3. Transmitir, desde el discernimiento, una mirada de esperanza ante los desafíos de nuestra sociedad.

4. Fomentar la comunión, como Pueblo de Dios.

5. Visibilizar la realidad del laicado.

CLAVES DE FONDO

Durante este proceso tendremos en cuenta las siguientes claves de fondo:

  • Escuchar al laicado.
  • Vivir y practicar la sinodalidad y la corresponsabilidad, como Pueblo de Dios.
  • Ejercitar el discernimiento a la luz de la Palabra que transmite y vive la Iglesia.
  • Promover una cultura del encuentro frente a la cultura del descarte.
  • Impulsar un laicado en salida y alegre. Será un proceso caracterizado por tres notas:
  • Sinodalidad: caminar juntos.
  • Discernimiento de la misión de la Iglesia.
  • Espiritualidad (EG 280).

¿CÓMO Y CUÁNDO?

Proponemos un proceso en 3 etapas:

1ª etapa (Pre-Congreso) que se realizará en el ámbito diocesano. Se propone
trabajar el documento “Un laicado en acción” en grupos. Esta fase acabará en un Encuentro diocesano. Con las apor- taciones de las diócesis se elaborará un Instrumentum Laboris.

2ª etapa (Congreso de Laicos), que se celebrará entre el 14 y el 16 de febrero de 2020, en Madrid. Se trabajarán, en grupos, cuatro itinerarios fundamentales: Primer Anuncio, Acompañamiento, Procesos Formativos y Presencia en la Vida Pública. El congreso tendrá dos líneas transversales fundamentales: La Sinodalidad y el Discernimiento.

3ª etapa (Post-Congreso): se concretarán propuestas y líneas de acción que impulsen y dinamicen el laicado, en el ámbito de las diócesis.

UN LAICADO EN ACCIÓN

CUESTIONARIO DE REFLEXIÓN

cuestionario-reflexion

La primera fase del congreso es la diocesana, en la cual trabajaremos el documento “Un laicado en acción: vivir el sueño misionero de llegar a todas las personas” en esta página web están disponibles los cuestionarios para responder una vez trabajamos los temas. El cuestionario está pensado para ser tratado en tres sesiones, os recomendamos que una vez finalizadas se rellenen los cuestionarios y sean enviados a la vez.

Podéis encontrar más información sobre el Congreso y materiales para prepararlo en la web www.pueblodediosensalida.com.

El 9 de noviembre recogeremos lo reflexionado en un encuentro diocesano en Valencia donde se llevará a cabo una síntesis de las aportaciones que servirán de referencia para la elaboración de un Instrumento Laboris del Congreso de Madrid por parte de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (CEAS)

PRIMERA REUNIÓN: RECONOCER

 

Esta primera reunión se nos invita a reconocer y valorar la situación del laicado en nuestra Iglesia. Se trata de mirar la realidad de nuestra Iglesia y del mundo, la realidad del laicado, y preguntarnos cómo está presente el Señor y cuál está siendo nuestra respuesta ante la llamada que Él nos hace a evangelizar: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Cf. Mc 16,15).

Reconocemos avances y dificultades

Cuando nos acercamos al camino realizado en los últimos años en nuestra diócesis y en la Iglesia española, estamos obligados a reconocer avances pero también encontramos algunas dificultades.
Entre los avances más importantes respecto a la conciencia e implicación en la misión del laicado se puede señalar:
–  va creciendo la conciencia de la responsabilidad del laicado en la misión;
–  aumenta el sentido evangelizador entre el laicado;
–  existe un laicado que ejerce diversos servicios eclesiales;
–  otros se comprometen en causas sociales, políticas o culturales;
–  han florecido nuevos movimientos laicales impulsados por el Espíritu;

–  ha crecido en el laicado la conciencia de tener un carisma y misión;
–  se han dado grandes pasos en la formación laical;
–   además se ha crecido en el laicado asociado (en movimientos, asociaciones, etc).

Pero no faltan dificultades. Algunas de estas dificultades son:

– se percibe una pérdida de esperanza en algunos porque la misión se ve complicada y difícil;
– también se percibe falta de comunión entre movimientos, asociaciones y parroquias, lo que provoca un debilitamiento de la vida comunitaria;
– otro de los males que nos acecha es el clericalismo;
– nos sentimos desorientados antes los cambios antropológicos relacionados con la corporalidad y la sexualidad;
–  el ambiente digital se convierte en un difícil reto;
– está por hacer la reflexión sobre el papel de la mujer en la Iglesia;
– a veces discutimos sobre cuestiones intraeclesiales y no hablamos de los grandes problemas sociales (paro, pobreza, vivienda…);
–  sigue faltando formación, en especial sobre la Doctrina Social de la Iglesia;

Luces y Sombras

Si pensamos ahora en el mundo, descubrimos también luces y sombras; unas y otras terminan afectando a la Iglesia y a la forma de pensar de sus miembros. En el documento “Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo” de la Conferencia Episcopal se describen algunas luces y sombras.
Respecto a las sombras, hablaban nuestros obispos de:
La poca valoración social de la religión;
Una cultura que ha insistido en una exaltación de la libertad y del bienestar material según nuestras conveniencias;
El predominio de una cultura secularista;
El deslizamiento del subjetivismo al relativismo;
Una cultura del “todo vale” y del descarte;
Y también la propia responsabilidad que como cristianos tenemos en el proceso de descristianización.

Ello no impide, sin embargo, reconocer algunos motivos de esperanza. Entre las luces que encontramos en nuestro mundo, destacamos las siguientes:
–  la creciente valoración de la dignidad de la persona humana;

–  el gusto por la libertad;
–  la exaltación de la solidaridad;
–  la experiencia de la unidad del género humano;
–  la rebelión contra la injusticia y la intolerable pobreza de tantos millones de personas;
–  el amor y el cuidado de la naturaleza, la casa común del ser humano y regalo de Dios;
–  los buenos servicios de Cáritas, Manos Unidas y otras instituciones eclesiales, que han mejorado la imagen de la Iglesia.

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN

 

Tomando como referencia el contexto que hemos analizado en esta primera reunión, ante la necesidad de identificar los aspectos positivos y negativos, que constituye el punto de partida de nuestra misión, reflexionemos sobre las siguientes cuestiones:

Nombre y Apellidos

Parroquia/Movimiento

Correo electrónico

1. ¿Qué aspectos positivos observamos en nosotros mismos y en nuestro entorno que nos indican que estamos en el camino hacia la tarea de ser una Iglesia misionera?

2. ¿Qué dificultades hemos de superar aún en nuestra Iglesia?

3. ¿Qué signos positivos y negativos encontramos en el mundo de hoy y son una llamada para las comunidades cristianas?

Las respuestas al cuestionario pueden ser enviadas hasta el 27 de octubre de 2019

SEGUNDA REUNIÓN: INTERPRETAR

 

En esta sesión tendremos en cuenta algunas reflexiones que nos ayuden en el discernimiento. Para ello nos fijaremos en el magisterio del Papa Francisco, que subraya la unidad de la vocación y la misión del cristiano.

Somos miembros del Pueblo de Dios

En una carta del Papa Francisco dirigida al cardenal Ouellet decía: “Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu Santo, (los fieles) quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo (LG 10) Nuestra primera y fundamental consagración hunde sus raíces en nuestro bautismo. A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizado laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar. Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una élite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios. Olvidarnos de esto acarrea varios riesgos y deformaciones tanto en nuestra propia vivencia personal como comunitaria del ministerio que la Iglesia nos ha confiado.

Somos, como bien lo señala el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, cuya identidad es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo. El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo, por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción”.

La vocación laical

Conviene subrayar el alcance y significado de la vocación de los laicos, tal como realizó el Concilio: los laicos “incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde” (LG 31).
Hay diferentes formas de seguimiento de Jesús, diferentes vocaciones, que están siempre unidas a una misión, porque vocación y misión son la cara y cruz de la misma moneda. La vocación es un pilar fundamental de la vida, que unifica a toda la persona. La base de la vocación laical está en el bautismo, que le incorpora a la Iglesia y a la misión. Esta vocación tiene un rasgo peculiar: se realiza en el mundo (su “carácter secular” ChL 15).

“Yo soy una misión”

El Papa Francisco ha subrayado que cada cristiano “es” una misión. En “Evangelii Gaudium” dice: “La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo” (EG 273). Estas palabras nos hacen entender que la misión forma parte de mi identidad: soy para la misión, porque no entiendo mi ser sin la misión. Lo que está en el fondo es una concepción del ser humano como donación (antropología del don), lo que lleva hasta la salida de sí: ser para los demás y con los demás. La pregunta fundamental que hemos de hacernos no es quién soy yo, sino quién soy yo para los demás.

En la exhortación sobre la santidad el Papa Francisco vuelve a repetir que toda la vida es misión: “tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión. Inténtalo, escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que él te da. Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión. Y permítele que forje en ti ese misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy” (GE 23).

Vocación y misión se concretan, en expresión del Papa Francisco, en el deber de vivir nuestra fe como “discípulos misioneros”: “cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de
Itinerario Diocesano de Formación Volver a la escuela de Jesús evangelización llevado adelante por actores cualificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados” (EG 120).

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN

 

Teniendo en cuenta la afirmación de que “yo soy una misión” (antropología del don y vocación misionera), respondamos a las siguientes preguntas:

Nombre y Apellidos

Parroquia/Movimiento

Correo electrónico

4. ¿Qué obstáculos encontramos para la vivencia plena de nuestra vocación?

5. ¿Qué procesos hemos de impulsar para cumplir con la misión a la que estamos llamados?

6. ¿Cómo responder y afrontar los desafíos que nos plantean las respuestas a las dos preguntas anteriores?

Las respuestas al cuestionario pueden ser enviadas hasta el 2 de noviembre de 2019

TERCERA REUNIÓN: ELEGIR

 

Esta tercera reunión tiene como finalidad elegir algunos caminos de resurrección que conduzcan al anuncio y a la misión. Con este fin se presentarán algunos aspectos básicos que conviene tener presentes en el desarrollo de nuestra tarea evangelizadora: la sinodalidad como elemento constitutivo de la Iglesia, la misión como llamada, la vida cotidiana como horizonte y la formación como estrategia fundamental

La sinodalidad, elemento constitutivo de la Iglesia

La palabra griega “sínodo” expresa muy bien lo que es la Iglesia. Esta palabra literalmente significa caminar junto con otro, recorrer el camino acompañado por otras personas. La Iglesia es “sinodal” porque ser Iglesia significa caminar junto con otros viviendo y haciendo vida la fe; caminar juntos para crecer unidos en la fe escuchando la Palabra del Señor, que nos interpela y cuestiona, y escuchándonos unos a otros.
La Iglesia del siglo XXI se da cuenta de que debe crecer en la “sinodalidad”, es decir, debemos aprender a caminar juntos. Entre otras cosas, esto significa:

— Cuidar las relaciones con los demás. En el documento final del sínodo se invita a que la Iglesia “ponga en el centro la escucha, la acogida, el diálogo, el discernimiento común, en un camino que transforme la vida de quien forma parte de ella” (n. 122). De esta manera será “una Iglesia dinámica y en movimiento, que acompaña caminando, fortalecida por tantos carismas y ministerios. Así es como Dios se hace presente en este mundo” (DF 122).
— Estimular la participación y la corresponsabilidad, con el deseo de evitar el clericalismo. Al comienzo de su pontificado, el papa Francisco decía en la exhortación postsinodal Evangelii gaudium que “Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros ordenados. Ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia. Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la catequesis, la celebración de la fe. Pero la toma de conciencia de esta responsabilidad laical que nace del Bautismo y de la Confirmación no se manifiesta de la misma manera en todas partes. En algunos casos porque no se formaron para asumir responsabilidades importantes, en otros por no encontrar espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar, a raíz de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones. Si bien se percibe una mayor participación de muchos en los ministerios laicales, este compromiso no se refleja en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico. Se limita muchas veces a las tareas intraeclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la transformación de la sociedad. La formación de laicos y la evangelización de los grupos profesionales e intelectuales constituyen un desafío pastoral importante” (EG 102).
— Proponer procesos de discernimiento comunitario. Los pastores deben escuchar a todos los miembros de la comunidad. Esto pide hacer crecer la colaboración en el testimonio y en la misión.

— La santidad es para todos. Como señala la Exhortación apostólica “Gaudete et exsultate”, “para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias para dedicar mucho tiempo a la oración” (GE 14).

Todo ello hemos de hacerlo en el contexto de la comunión, entendida como un gran don del Espíritu Santo que el laicado está llamado a acoger con gratitud y responsabilidad a través de la participación en la vida y misión de la Iglesia.

Llamada a la misión

Los laicos están llamados a tomar parte activa en la misión de la Iglesia, evitando la tentación de quedarse en las tareas internas de la Iglesia (catequesis, asuntos de la parroquia) y advirtiendo que su vocación se realiza en la vida pública y cotidiana, en la vida pública.

La misión en nuestra sociedad tiene muchos retos. En estas reuniones vamos advirtiendo algunos de estos retos: la familia como célula de la sociedad; los jóvenes; los niños y personas mayores; el ambiente digital; las migraciones; el papel de las mujeres en la Iglesia sinodal; ofrecer una palabra clara, libre y auténtica sobre sexualidad; los contextos interculturales e interreligiosos; el diálogo ecuménico; la precariedad laboral y la falta de trabajo; la polarización de la sociedad; las nuevas pobrezas y marginaciones; la manipulación mediática.

“Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comunidad y atreverse a llegar hasta las periferias, que necesitan la luz de Evangelio” (EG 20).

La vida cotidiana como horizonte

Es en el caminar de cada día donde nos convertimos en testigos y heraldos del Evangelio en los distintos contextos. La misión nos lleva a la vida de cada día, a nuestro trabajo, nuestros estudios, nuestro barrio, nuestro pueblo, nuestra familia, nuestro tiempo libre… Es ahí donde nos jugamos la tarea evangelizadora que tenemos encomendada.

El Concilio Vaticano II, en AG 11, proponía algunas actitudes misioneras que siguen teniendo actualidad: cuidar las relaciones con los hombres y mujeres de este tiempo; implicarse en la transformación de la realidad; participar de la vida cultural y social; estar atento a los gérmenes de las semillas del verbo; despertar el deseo de la verdad; conocer a los hombres entre los que se vive; dialogar sinceramente; iluminar la realidad con la luz que da el evangelio.

La formación como estrategia fundamental

Otro de los grandes retos es la formación, entendida como continuo proceso personal de maduración en la fe y de configuración con Cristo, según la voluntad del Padre y con la guía del Espíritu Santo, necesario para vivir la unidad con la que está marcado nuestro propio ser como miembros de la Iglesia y ciudadanos de la sociedad humana (ChL 57 y 59).

Sinodalidad, misión, vida cotidiana y formación han de llevarnos a fortalecer en nosotros nuestro deseo de cambiar el mundo. No en vano, como indica el Papa Francisco, “una auténtica fe —que nunca es cómoda e individualista— siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra” (EG 150).

Esta misión nos corresponde en exclusiva a nosotros, que somos a quienes Dios ha querido situar en este momento histórico y en este lugar geográfico del mundo. “Los desafíos están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada. ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!” (EG 109).

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN

 

Sobre la base de lo que hemos visto y reflexionado en las preguntas anteriores, ofrezcamos propuestas –realistas y concretas– para responder a los retos y desafíos que se nos plantean en relación con las siguientes tres cuestiones:

Nombre y Apellidos

Parroquia/Movimiento

Correo electrónico

7. ¿Qué cauces debemos potenciar para crecer personalmente y en la vida comunitaria?

8. ¿Qué podemos hacer para impulsar nuestra corresponsabilidad en los órganos de participación eclesial (Consejos de Pastoral, Consejos de Asuntos Económicos, Consejos de Laicos...)?

9. ¿Qué responsabilidades hemos de asumir como laicos para estar más comprometidos en el mundo (política, educación, familia...)?

Las respuestas al cuestionario pueden ser enviadas hasta el 2 de noviembre de 2019

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies